sábado, 22 de octubre de 2016

Quique Kierszenbaum ("Postales de la Tierra Santa") || Todos los caminos están cerrados (Capítulo 26)

Quique Kierszenbaum (Foto: Peter Beaumont)

Conversación con Quique Kierszenbaum (Montevideo 1967), fotógrafo documentalista, periodista y videógrafo radicado en Jerusalén, desde donde ha cubierto la situación de israelíes y palestinos para medios como 'The Guardian', 'Washington Post' y 'TNU Noticias', entre otros. Publica Postales de la Tierra Santa, recopilación de 42 fotografías y textos que abarcan el periodo 2000-2010.




Vallado de separación, Qalandia. 30 de junio, 2003. Foto: Quique Kierszenbaum
Un soldado israelí retira una bandera en el pueblo de Bilin, Cisjordania. 12 de mayo, 2006. Foto: Quique Kierszenbaum
En el cementerio de Tzur Shalom, Colette Kisus abraza el cuerpo sin vida de su hija Revital, quien fuera asesinada junto a sus dos hijos, Matan y Noam, por un militante palestino en el kibutz Metzer. 12 de noviembre, 2002. Foto: Quique Kierszenbaum
Maryia Aman, camino a la Corte Suprema de Justicia en Jerusalén. 8 de julio, 2008. Foto: Quique Kierszenbaum

jueves, 29 de septiembre de 2016

Mujer y Palestina, entrevista con Ana Alba (periodista) e Isabel Miguel (UNRWA) || Todos los caminos están cerrados (Capítulo 25)

Ana Alba e Isabel Miguel

Conversación con Ana Alba (periodista, corresponsal en Jerusalén de 'El Periódico de Catalunya') y con Isabel Miguel (coordinadora de educación para el desarrollo de UNRWA, comité español) con motivo de la publicación de Genealogía feminista palestina: historias de mujeres desde la diversidad, revista que recoge la historia de los movimientos de mujeres en Palestina y diversos testimonios de mujeres recopilados por tres periodistas españolas. Hablamos de la situación de la mujer en Palestina.

miércoles, 6 de abril de 2016

Machsom Watch, el quintacolumnismo de la izquierda israelí

Colonias israelíes en Cisjordania, durante una reciente visita organizada por Machsom Watch

Era prácticamente el final de la visita, una aproximación de horas a algunos puntos de la ocupación israelí de Palestina, y su pregunta vino a ser una precisa y concisa traducción de aquello que se nos había explicado durante la jornada. Cuando la formuló, no entendí nada. O lo entendí todo. Lo poco que queda de la izquierda israelí, de los movimientos que dicen oponerse a la ocupación, no vive precisamente su momento más luminoso. Sometidos a la caza de brujas del gobierno de Netanyahu, estos "traidores" a Israel, críticos y opuestos a la ocupación, parecen jugar en realidad un quintacolumnismo legitimador de la misma. O si no tanto, sí un rol que favorece el statu quo, la política de hechos consumados que, desde hace décadas, supone la conquista a diario de otro palmo de tierra palestina para el sueño sionista del Gran Israel. Un papel que, en cierto modo, también juegan, a pesar del fin que las mueve, las voluntariosas (y subvencionadas) oenegés de apoyo al pueblo palestino.

Conviene valorar en su justa medida el mérito y la valentía de organizaciones como 'Breaking the Silence' y 'B'Tselem', cuya recopilación de testimonios y descripción de atrocidades del ejército israelí en terreno palestino resultan de un valor incalculable, material para la denuncia y, sobre todo, visto el resultado práctico de sus acciones, para el archivo de la futura revisión por parte de los historiadores de una época negra para los derechos humanos en esta región del mundo. Sometidos a la amenaza gubernamental, al desprecio de una parte mayoritaria de la sociedad israelí, viven en un territorio éticamente hostil. Fe de ello da la reciente encuesta que mostraba que un 57% de los israelíes rechaza el arresto de Elor Azaryah, miembro del cuerpo médico del ejército israelí que, irónicamente, hace unos días aplicó eutanasia, disparó y ejecutó a sangre fría, de un tiro en la cabeza, a un palestino que yacía malherido en el suelo en Hebrón, después de que éste supuestamente hubiera intentado atacar a un soldado con un cuchillo. Un 42% consideró la ejecución una conducta "responsable". El explícito video del asesinato lo distribuyó 'B'tselem' a partir de la grabación que les facilitó un palestino de Hebrón, cuya vida ha sido amenazada por los agresivos colonos judíos que ocupan el corazón de esta ciudad palestina.


Tanto periodistas como activistas tendemos a acudir al testimonio de los miembros de estas organizaciones, cuyos nombres se repiten una y otra vez en crónicas y entrevistas. Son cuatro gatos y, lamentablemente, no representan ni de lejos a la mayoría social de Israel. Son marginales, pero su opinión prevalece. Hay una tendencia a confiar a este israelí del "campo de la paz" (¿?) el testimonio sobre la vida de los palestinos. Si alguien conoce de verdad la vida de un palestino es, claro, un palestino. Parece excitarnos más el judío israelí "converso" que el palestino puteado. Y con esa luz sobre los "conversos", iluminamos tanto nuestra ansiedad por un cambio de rumbo de Israel como proporcionamos un retrato democrático del país alejado de la unanimidad casi norcoreana sobre la que se asienta la consolidación de una ocupación ilegal, racista y violenta.

Palestinos esperan su turno en el checkpoint de Qalandia, el domingo 3 de abril de 2016

Otra de esas organizaciones que admiramos es 'Machsom Watch', colectivo de mujeres israelíes que, groso modo, dedica parte de su tiempo a vigilar el comportamiento de los soldados israelíes en algunos de los cientos de checkpoints con los que Israel eterniza o impide la circulación de los palestinos dentro de su propio territorio. En un reciente tour para periodistas y diplomáticos, Daniela, miembro de esta organización no jerárquica, señaló que "nos preocupamos por los soldados tanto como lo hacemos por los palestinos. Son nuestros hijos y nietos". Una declaración de intenciones que choca con su posterior observación de que la mayoría de israelíes desconoce lo que esos hijos y nietos hacen en su nombre, de que los pocos israelíes que les acompañan en sus tours se asombran. Resulta difícil de creer en un país de tan sólo ocho millones de habitantes de los que, aparte del 20% de palestinos del 48 (aquellos que residen dentro de las fronteras del Estado de Israel) y de los ultraortodoxos, que empiezan paulatinamente a acceder al ejército, todos los judíos, hombres y mujeres, realizan el servicio militar. Además, claro, de que existe internet. Como señaló en una entrevista el periodista Enric González, "los israelíes no quieren saber, y no querer saber propicia cosas horribles". La sola mención a la posibilidad de acogerse a una insumisión militar inquietó a Daniela: "¡Irían a la cárcel!". Van, de hecho van, se llaman refusenik. Pero también Rosa Parks se sentó un día en un autobús y cambió el rumbo de los acontecimientos. Los cambios no llegan echando suavizante a la humillación, sino atacándola de raíz.

Palestinos esperan el permiso de militares israelíes para acceder a sus terrenos agrícolas, el pasado 29 de marzo de 2016

La visita a Cisjordania organizada por las 'Machsom Watch' incluyó tres encuentros personales, el paso por un checkpoint, la visita a una aldea palestina afectada por una colonia próxima y la experiencia de visitar un paso militar para agricultores palestinos (éste se abría tres veces al día, una vez por semana; los hay incluso de una vez al año...) cuyas tierras ha dejado el muro en el lado usurpado por Israel. Muro que, declarado ilegal por la Corte Internacional de Justicia en 2004, está construido en un 80% en terreno cisjordano, obviando la Línea Verde que, desde el final de la Guerra de los Seis Días de 1967, establece las fronteras de Israel reconocidas por la comunidad internacional. Un muro que se construye con fines teóricamente de seguridad a partir de los atentados suicidas de la Segunda Intifada y que, en realidad, es una serpiente de cemento que va encerrando a los palestinos en pequeños enclaves cada día más desconectados entre sí, amén de que va sumando terrenos a las colonias judías. Que, como señaló Daniela, todavía quede casi un 40% de muro por construir no parece argumento para los convencidos de que el muro evita atentados palestinos en Israel. Por lo visto, los terroristas ignoran que exista ese hueco abierto todavía hoy o son demasiado vagos para desplazarse hasta él.


El tour, de apenas unas horas, resultó tan confuso en sus explicaciones que la propia intención fundacional de 'Machsom Watch' de solicitar el final de la ocupación quedaba en entredicho por la asunción de la existencia de colonias "legales"..., de acuerdo, según Daniela, con la legislación israelí. "Sólo los outposts son ilegales", dijo en referencia a los asentamientos embrionarios dentro de Cisjordania, aquellos que comienzan con el aparcamiento de una caravana y, ¡curioso concepto de ilegalidad!, con el suministro de agua, luz y defensa a los colonos por parte de las tropas israelíes en suelo cisjordano. Así Daniela hablaba de "lado israelí" en nuestra visita a un segundo paso de agricultores, éste entre el pueblo palestino de Masha y la colonia de Etz Efravim. Si es israelí, ¿cómo es posible que las tierras de los agricultores palestinos estén allí?

Colonia israelí en el interior de Cisjordania. La flecha señala las casetas provisionales con las que se amplía el asentamiento.

Con tanta confusión terminológica y conceptual no es difícil de entender la pregunta que hizo uno de esas escasos ciudadanos israelíes que se suman a los tours de 'Machson Watch', en este caso una mujer joven en avanzado estado de embarazo que, después de escuchar el testimonio de un beduino residente en una paupérrima aldea próxima al asentamiento de Alfei Menashe, acertó a preguntarle: "¿Cuál es el grado de solidaridad entre la gente de la colonia y el pueblo beduino?". Se refería a la solidaridad mutua entre ambas comunidades ante el derribo de viviendas por parte del ejército, del que palestinos y beduinos son expertos sufridores y los colonos tan ajenos como esta mujer a la realidad. El muro que "defiende" Alfei Menashe, perfectamente visible desde el terreno de nuestro anfitrión beduino, no parecía decirle nada. Fue el colofón a una visita llena de buenas intenciones y preludiada por una sorprendente advertencia de Daniela: de política no se habla. Tan buenas son sus intenciones que convierten la ocupación de Palestina en un problema de modales y trato al ocupado. Se habla de los síntomas de la enfermedad, no de los porqués del enfermo. Se aplican paliativos mientras se ignora el origen de la infección. No querer saber propicia cosas horribles, decía Enric González. Tantas como pretender saber pero no querer entender.

Carlos Pérez Cruz

jueves, 29 de octubre de 2015

Sergio Yahni: "Israel ha creado la omnipresencia de la muerte como elemento de control social"


Sergio Yahni

Entrevista con Sergio Yahni, director del Alternative Information Center (AIC), con sedes en Jerusalén Oeste y la localidad palestina de Beit Sahour, promotora de "la justicia, la igualdad y la paz para palestinos e israelíes". Yahni, con un importante historial de disidencia y lucha contra las políticas del Estado de Israel, analiza en esta entrevista cuestiones como el tratamiento mediático de la información sobre Israel y Palestina, la situación sobre el terreno y los elementos de lucha contra el régimen israelí, entre otros asuntos.



Titulares de la conversación:

  • La mayor parte de información sobre Israel es propaganda en la que se resalta el papel víctima de los israelíes.
  • Muchas veces se transforma a los israelíes de agresores en víctimas.
  • El Estado de Israel es hoy mucho más violento por su derrumbe ideológico. Hoy no hay espacio para la disidencia, porque las estructuras ideológicas del Estado se están derrumbando y no tienen alternativa.
  • La sociedad palestina está totalmente encarcelada, encerrada, empobrecida, destruida, y se ha impuesto una política de control social que yo llamo la tanatopolítica: hacer sentir a los palestinos en todo momento del día que se encuentran a dos minutos de la muerte.
  • A día de hoy cualquier civil o soldado israelí puede matar a cualquier palestino y el palestino va a ser visto como un terrorista.
  • Para los palestinos la ocupación, la muerte y la opresión son una realidad cotidiana.
  • El juego fue construido de tal manera que no importa cuáles son las cartas, el palestino pierde; un juego que rompe el BDS porque la sociedad civil se conciencia y empieza a demandar cuentas a Israel.
  • A Netanyahu o Henri Lévy, transformar el conflicto de uno político a uno religioso les sirve para decir que no es la ocupación, que se trata de una guerra del islam contra la civilización.
  • En Jerusalén la arqueología se transforma en un instrumento de justificación e implementación de la limpieza étnica.
  • En la distribución de bienes del Estado y redistribución de impuestos hay una total segregación de los palestinos ciudadanos de Israel. Ahí está el apartheid.
  • El Estado ve en el palestino ciudadano de Israel un enemigo permanente, no un ciudadano.
  • Las voces críticas dentro del Estado se han transformado en un peligro para el Estado, que está haciendo esfuerzos para suprimirlas.
  • Un Estado o dos Estados son imposibles mientras el régimen israelí siga en pie. Es necesaria la transformación de un régimen sionista a un régimen democrático.
  • En vez de coexistencia, nosotros hablamos de co-resistencia, porque los palestinos están en lucha contra la ocupación, contra el apartheid; los israelíes contra el régimen en sí.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Aylan y Palestina

Discutimos hasta bien entrada la madrugada, de pie, en el hall de mi apartamento. Empezó la discusión en la cena, siguió de camino a casa y se zanjó sin acuerdo por puro cansancio. El mío. Ahora esa discusión, tan vieja como el periodismo, ocupa (una vez más) artículos y conversaciones tanto en medios como en redes, como si fuera posible lograr un consenso sobre cuándo se debe publicar o no una fotografía.

Soy amante de la palabra. Limitada, imperfecta –especialmente si se trata de expresar sentimientos-, su impresión sobre el papel permite ordenar razones, sucesos y proporcionar contexto. Bien usada, ayuda a comprender y reflexionar. En tiempos de adelgazamiento anémico del periodismo, la palabra ha sido secuestrada por la cifra y el porcentaje; el conocimiento, por la opinión. La opinión requiere fundamentos, algo de lo que carecemos todos sobre casi cualquier asunto; las cifras, contexto; el contexto, tiempo.

Una fotografía, al igual que una viñeta, se ventila de un vistazo. Una buena fotografía puede decir mucho, pero no siempre se basta por sí misma y, al igual que el apunte certero de una viñeta, depende del reconocimiento de su contexto. El de la fotografía del cuerpo de Aylan, el niño sirio hallado muerto en la orilla de una playa turca, empezó a escribirse antes de su nacimiento, cuando estalló la guerra en Siria hace más de cuatro años. Previamente incluso, si queremos saber por qué se llegó a ella. Lo que muestra la fotografía es la guerra, porque sus consecuencias no se limitan a lo que acontece en el terreno que la padece. Pero hubo antes muchas otras fotografías, muchos otros cuerpos a merced del mar, muchos niños bajo los escombros del bombardeo.

Nos sacude el ánimo la foto del niño muerto, como si no supiéramos a estas alturas que las guerras no excluyen ancianos, mujeres y niños, la tríada de rescatados en aquellos naufragios que veíamos de pequeños en el cine. Nos da un vuelco el corazón, como si el problema de la guerra fuera la inocencia de los tres años del niño y no los inocentes que mueren a diario, tengan la edad que tengan. Nos alarmamos ahora, como si los cientos de miles de muertos, mutilados y los millones de refugiados y desplazados que ya había dejado Siria en estos años fueran anécdota en comparación con el niño ahogado.

Se discute sobre la fotografía y la pertinencia de su publicación, como ella y yo hicimos sobre la imagen de otro niño hasta bien entrada la madrugada. Defendía yo, con la misma vehemencia que ella lo contrario, que no todo ha de mostrarse, que la imagen de un niño palestino con el cráneo reventado, la cabeza abierta, el espacio cóncavo vacío, no aportaba información esencial para entender la masacre que Israel estaba llevando a cabo en Gaza en el verano de 2014. ¿La aportaba?

Creo necesaria la reflexión ética y razonable la valoración de si una imagen se debe publicar o no; sigo creyendo que no todo es publicable –por razones que van del pudor y el respeto a la humillación gratuita-, también que es improbable que lleguemos a una máxima absoluta al respecto pero, ¿habría detenido aquel niño palestino con el cráneo hecho pedazos el curso de la masacre? ¿Habría impulsado una reacción política y social europea? Nadie la publicó, como tampoco creo que se hubiera publicado una del niño Aylan con la cabeza reventada o, si me apuran, boca arriba, ¿verdad? Pero con los palestinos el dilema periodístico no es fotográfico; es de enfoque de los textos. Y el político…

Ni la cobertura del asesinato de los niños de la playa de Gaza -que tan significativamente cometió Israel delante de numerosos corresponsales internacionales- detuvo el asedio del verano pasado, ni las muy simbólicas y recientes fotografías y vídeo de la persecución y disputa con su familia de un soldado ocupante israelí para detener a un niño palestino, brazo en cabestrillo, han despertado reacción alguna ni afectado al curso de la incesante ocupación israelí de Palestina. Claro que ninguna de ellas ha ocupado portadas de forma unánime  -con el martilleo para las conciencias que ello supone-, y en algún caso se ha llegado a la perversión pragmático-ideológica (y a la indecencia) de armar al niño y a la familia frente al soldado.

Discutimos mucho sobre las imágenes, pero nuestro mayor problema no está tanto en ellas como en los (con)textos periodísticos, simplificados, manipulados y cocinados con demasiada costumbre. Las imágenes discutibles pueden omitirse, también publicarse con advertencia del riesgo de que hieran la sensibilidad de quien las visualice. Con las palabras, la omisión es un peligro. Remite a la censura tanto como su manipulación. Las imágenes pueden herir la sensibilidad; las palabras, a la verdad.

Carlos Pérez Cruz

lunes, 8 de junio de 2015

Congreso FIFA: entresijos, fundamentos (y consecuencias) de una tarjeta amarilla a Israel


Gonzalo Boye y Xavier Abu Eid (ambos de pie) durante el Congreso FIFA.
Jibril Rajoub, presidente de la Federación Palestina, sentado en el centro.

Entrevista con Gonzalo Boye Tuset, abogado, y con Xavier Abu Eid, polítólogo, ambos asesores de la Federación Palestina de Fútbol durante el reciente Congreso de la FIFA en Zúrich en el que estaba prevista la votación de una propuesta de sanción a la Federación Israelí por violación de los Estatutos FIFA. Entre los razonamientos para la sanción, cuestiones relativas al racismo, la movilidad sobre el terreno de los jugadores palestinos y la presencia de equipos israelíes en colonias ilegales en suelo palestino, entre otras cuestiones. Dicha propuesta fue enmendada por la propia Federación Palestina y aprobada con un apoyo del 90% del Congreso.

¿Por qué se modificó la propuesta inicial de sanción? ¿Cuáles fueron las enmiendas? ¿Qué implica para el fútbol israelí la aprobación de las mismas? ¿Qué plazos hay para su aplicación? Son algunas de las preguntas a las que responden Gonzalo y Xavier, así como a cuestiones sobre la reacción de la sociedad palestina a lo vivido en Zúrich, las críticas del BDS, la posición oficial de la Autoridad Nacional Palestina ante el mismo, la situación de la unidad de las diversas facciones palestinas, etcétera.